La lucha contra las descargas no hace que se vendan más discos


Un informe sobre la eficacia de la legislación antidescargas en Francia señala que se han conseguido reducir las descargas ilegales hasta en un 50%. Sin embargo, la industria de contenidos con derechos de autor no levanta cabeza, ya que las ventas en los canales legales ha seguido disminuyendo.

Los que han apoyado las leyes antipiratería, en Francia y en otros países, lo han hecho por el bien de la industria musical, audiovisual y, en menor medida, informática. Culpaban a la piratería de la caída de la industria de contenidos. ¿Qué tendrán que decir ahora? Bueno, las leyes ya están aprobadas y ya no hace falta defenderlas. Según el informe de la propia oficina de Hadopi, que impulsó este tipo de legislación en Francia, las descargas mediante redes P2P ha sufrido un descenso muy importante y no parece que se hayan encontrado otras alternativas de descarga.

Las cifras señalan una disminución del 29% en las visitas a los sitios piratas y una caída del 66% en los archivos ilegales compartidos. Los datos son del ejercicio de 2011. Si la relación entre la piratería y las ventas de discos por canales legales fuera una relación causa-efecto, las ventas de contenidos con copyright deberían haber aumentado. Pero no ha sido así.

Los ingresos de la industria de entretenimiento de contenido legal han caído, en el mercado francés, un 2,7% en 2011 en comparación con el mismo periodo del año anterior. Claro que siempre se puede echar la culpa a otras causas: en especial, a la omnipresente crisis económica, que parece que sirve para explicar todo… cuando no quedan otros argumentos.

Los defensores de la legislación antidescargas creen que el cambio de los canales tradicionales a los digitales es el culpable a corto plazo. Es decir, que sale más rentable vender la música en CD que en MP3.

El mercado francés es lo suficientemente importante, por volumen y poder adquisitivo, como para extrapolar sus resultados al resto de países desarrollados. La piratería puede ser un daño colateral bastante discutible, pero no la razón última de que los contenidos musicales y de entretenimiento ya no están en manos de unos pocos. Ya no es tan fácil engañar a la gente.

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