neutral Quién se beneficia si no existe neutralidad en la red
Se pueden usar muchos símiles para explicar qué es la neutralidad en la red. Acabar con ella sería como hacer que algunos hogares pudieran disponer de más vatios de electricidad que otros o como si algunas cadenas de televisión ofrecieran a algunos ciudadanos el telediario una hora más tarde o como si, al pedir una pizza por teléfono, tardaran más en traértela que a tu vecino… y sólo por un acuerdo comercial entre empresas. La neutralidad de la red significa que todos los ciudadanos tengan las mismas posibilidades para acceder a los contenidos de Internet de todo el mundo. Es un derecho básico: la libertad de expresión.

Los que pueden ser considerados padres de Internet defienden, sin dudarlo un instante, la neutralidad de la red. Tanto Tim Berners-Lee como Virton Cerf afirman que este derecho en la red es tanto como su esencia: la libertad de compartir información. Tim Berners-Lee creó el lenguaje HTML que llevan todas las páginas web y el protocolo de las direcciones URL para localizarlas. Virton Cerf creó el primer sistema que transmitió datos por vía telefónica y que luego se convertiría en lo que ahora es Internet. También diseñó el primer servicio comercial de correo electrónico o el protocolo TCP/IP, gracias al cual los datos se transmiten de un ordenador a otro. Saben de lo que hablan. Y ambos quieren que la red siga conservando su neutralidad. Entonces, ¿quién no está de acuerdo?

¿Quién gana si se elimina la neutralidad de la red? Las compañías de teléfono, los proveedores de la conexión a Internet de cada hogar. El propio presidente de Telefónica lo dejó bien claro hace unos meses. Pero, de qué modo les puede beneficiar? Si, por ejemplo, Telefónica llega a un acuerdo comercial con Google o con Hotmail, puede darse el caso de que, los que no son sus clientes, los que pagan a otras compañías (Vodafone, Ya.com, Ono…), cuando accedan a esas páginas lo harán de modo mucho más lento que los clientes de Telefónica… o incluso puede llegar a un punto extremo que no permita cargar la página. En otras palabras, los datos no valen lo mismo para unos que para otros. O (y sólo es especulación, de momento) que un chaval que busque información para un trabajo de clase tenga más posibilidades de encontrarla y, sobre todo, lo haga con más rapidez, que otros sólo porque su padre paga a una compañía y no a otra.

Si se piensa detenidamente, resulta cuanto menos extraño que existan páginas que ofrecen información gracias a la colaboración altruista de millones de internautas, como es el caso de la Wikipedia, y que el proveedor de Internet pueda especular con esa información y venderla al mejor postor.

La Unión Europea quiere proponer una postura común. Pero, mientras llega, cada país tiene su propia política. Y pueden ser muy dispares. Por ejemplo, mientras Finlandia ha declarado la banda ancha como un derecho para sus ciudadanos, en Francia la ministra de Cultura declaró que Internet no es un derecho fundamental. De momento, el único país que ha declarado como un derecho fundamental la neutralidad en la red ha sido Chile.

Hace unos días, el Senado español aprobó una moción a favor de la neutralidad en la red. Con todo, es un marco legislativo que aún hay que debatir y desarrollar. Para ello, desde la Asociación de Internautas de España, se pide que cada usuario hable con el partido político al que vote o con el que simpatice y facilita sus números de teléfono. Porque la neutralidad de la red no depende del color político. Porque nos concierne a todos. Y porque, en una verdadera democracia, el político debe escuchar al ciudadano, y no al revés.

Es un avance, pero de momento no es una ley. La neutralidad en la red aún no es un derecho ciudadano. Tendremos que ganarlo. De momento, ya ha surgido una web llamada Red Neutral, para unir a todos los que apoyen este derecho que defiende una sociedad más justa y libre.