
Muchas veces hablamos de spam y de virus, de malware y de phising. Pero ¿qué cantidad se produce en todo el mundo, en qué paÃses se encuentran los focos de spam y otros programas dañinos para los ordenadores?
Hemos llegado a un punto en que casi el 89% del total de correos electrónicos que circulan por la red son spam, también llamado correo basura. Asà se desprende, al menos, del estudio que ha elaborado la empresa Symantec denominado “MessageLabs Intelligence: 2010 Annual Security Report”.
Otro dato. No podemos echar la culpa de la cantidad de spam a las cuentas de correo web más usadas, como Gmail o Hotmail, ya que tan sólo el 0,7% del spam mundial proviene de estas cuentas. La culpa es, en el 88% de los casos, de las llamadas botnets. Las botnets son robots informáticos que funcionan de forma autónoma y automática, máquinas de enviar spam. Para evitar que cumplan con su cometido, se tuvieron que crear las, a veces molestas, pero muy necesarias, captcha (Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart o Prueba de Turing pública y automática para diferenciar máquinas y humanos), esos dibujitos de letras extrañas que un humano puede reconocer, pero una máquina no. Como el test que realizaba Harrison Ford para descubrir a los replicantes en Blade Runner, sólo que algo más sencillo.
Pero volvamos a los datos sobre el spam. El 90% del spam está en inglés. Aunque el idioma de este tipo de correos está cambiando, ya que en 2009 era el 96%. Quizá esto sea debido a que el inglés es el idioma más internacional y casi cualquier ciudadano del mundo puede recibir un correo en inglés por alguna razón. El español es la cuarta lengua más utilizada (supone un 0,7% del spam mundial), por delante del chino, el alemán o el japonés.
Los paÃses desde los que se manda más spam son Estados Unidos y la India. Este último paÃs es donde más botnets funcionan. Les siguen Brasil, Rusia y Alemania. España es el decimosexto paÃs del mundo que envÃa más spam.
Dos tercios del spam mundial están relacionados con productos farmacéuticos. Los siguen los boletines informativos no solicitados, los mensajes relacionados con el juego y los casinos, y los relojes.
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