
Si te gusta Internet y pasas bastante tiempo navegando, seguro que más de una vez has oído el término “cookie”. No son dulce ni se pueden mojar en leche, estas “galletas” son un pequeño fragmento de información que se almacena en los discos duros de las páginas que visitas. El error más común acerca de las cookies es que los espías cibernéticos están a la espera de estos registros para ver qué es lo que haces en la Web. Pero no tengas miedo, las cookies son inofensivas y sobre todo se encargan de mejorar tu navegación.
Las cookies son simples archivos de texto que contienen información que ha enviado a los sitios Web. Los datos se recogen por lo general a través de los formularios de inscripción online o de las solicitudes de adhesión que has completado y pueden incluir:
- Nombre y dirección de correo
- Favoritos de sitios Web
- Productos y servicios adquiridos en la Web
- Solicitudes de motores de búsqueda
- Los nombres de usuario y contraseñas
- Correo electrónico
Además, las cookies se encargan de conservar tus artículos en la “cesta de la compra” cuando estás comprando cosas en Internet. También, ayudan a algunos sitios a “recordarte” para que no tengas que volver registrarse o a ingresar de nuevo. Las cookies pueden ser muy útiles. ¿Cómo funcionan las cookies? Cuando proporcionas una información a un sitio, un servidor Web toma los datos y los deposita en una cookie que coloca en el disco duro. Si vuelves a visitar ese sitio, el servidor devuelve la cookie de tu PC.
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